
Nueva York, Estados Unidos – por Laura BONILLA – Además de enfurecer a Donald Trump, la publicación de una explosiva columna de opinión escrita por un alto funcionario del gobierno estadounidense en el New York Times, bajo anonimato, dejó atónita a la redacción del diario y abrió un intenso debate ético.
La columna, titulada «Soy parte de la resistencia dentro del gobierno Trump», asegura que hay funcionarios dentro de la Casa Blanca que trabajan en secreto para bloquear la agenda del presidente, a quien el autor describe como amoral e impulsivo.
Su publicación dejó a la redacción boquiabierta y ha generado miles de comentarios en las redes sociales. Ni siquiera el director de la redacción, Dean Baquet, fue informado del asunto antes de la publicación, siguiendo las reglas habituales de separación entre las páginas editoriales y las de información.
No se sabe mucho sobre la génesis del texto. Un editor que supervisa las columnas de opinión para el New York Times, Jim Dao, dijo a The Daily, el podcast del periódico, que el funcionario lo contactó hace varios días, a través de un intermediario, y que su identidad fue verificada.
La redacción del diario otorga anonimato a las fuentes solo cuando siente que éstas corren peligro (físico, o el peligro de perder el empleo o de que su reputación sea arruinada).
«Nuestras reglas en Opinión no son muy diferentes. No hacemos esto muy seguido. Creo que esta es la cuarta vez que lo hemos hecho en los últimos tres años», dijo Dao.
– ¿Pero quién es? –
En el New York Times los periodistas están atónitos, dijo a la revista Vanity Fair el editor de las páginas editoriales, James Bennet. «Es un bingo. Todo el mundo está tratando de averiguar quién es, incluida la oficina de Washington. Es una locura».

«Obviamente estoy muy preocupado con preservar el anonimato del autor», agregó. «Pero entiendo que los periodistas hagan su trabajo».
El vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado Mike Pompeo y el director de inteligencia nacional Dan Coats ya negaron tajantemente que sean los autores.
Para Kathleen Bartzen Culver, directora del Centro para la Ética Periodística de la Universidad de Wisconsin, la publicación de la columna «crea una dinámica muy extraña entre las páginas de opinión y noticias, que son entidades separadas».
Culver se pregunta sobre todo si legalmente el acuerdo de confidencialidad negociado por la sección editorial se extiende a toda la redacción, y por ende si el autor puede demandar al diario en caso de que uno de sus periodistas revele su identidad. La respuesta no es clara aún.
Christopher Simpson, un profesor de comunicación de la American University que destaca los problemas éticos provocados por el sobreuso de fuentes anónimas en la prensa estadounidense, se pregunta cuáles son las directivas que los editores del Times están dando a sus periodistas sobre este asunto.
«Me sorprendería mucho que dijeran a sus periodistas que no intenten averiguar quién es esta persona. Eso sería un error, y dañaría la reputación del Times», dijo Simpson a la AFP.
Posiblemente no estén alentando a los periodistas a averiguar su identidad, pero tampoco bloqueando sus esfuerzos, afirmó.
– «¿Contribución significativa»? –
¿Hizo el Times lo correcto? La polémica se extiende a lo largo del espectro político.

«Nuestro trabajo no es publicar columnas de opinión que defiendan un argumento político u otro. Nuestro trabajo es publicar columnas que amplíen la comprensión del público sobre qué diablos está sucediendo, y creo que esta columna es una contribución significativa», se defendió Bennet.
Sean Hannity, el conductor estrella de Fox News, el canal preferido de Trump, denunció la columna como «irresponsable» y «peligrosa».
Margaret Sullivan, columnista de medios del Washington Post, el rival histórico del Times, subrayó las dudas éticas e «inquietudes legales» que plantea el texto anónimo.
En la revista New Yorker, Masha Gessen opinó que la columna no aporta gran cosa en términos de información y que al publicarla de manera anónima el diario «renuncia al trabajo de responsabilizar a quienes están en el poder».
Pero David Greenberg, profesor de periodismo, historia y medios de la Universidad de Rutgers, afirma que la columna es una «contribución increíble» al conocimiento público.
Su publicación en la misma semana que un libro del legendario periodista Bob Woodward sobre el caos reinante en la Casa Blanca «ayuda a centrar la agenda en importantes preguntas, como cuál es el rol correcto de funcionarios gubernamentales» frente a un presidente que toma decisiones impulsivas, emocionales y no razonadas.
Trump atacó nuevamente al «fracasado New York Times», auguró su ruina en pocos años y deploró su «columna anónima, es decir, cobarde».
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