Aroma de Mujer

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Foto by Hacienda Los Lingues (Foto referencia)

Bogotá, D.C., marzo 6 de 2021. Escrito por Jaime Honorio González. Hace una semana les conté que Ulises Castaño decidió asistir a la fiesta para celebrar con sus compañeros de colegio las bodas de plata de la graduación. Su miedo, la posibilidad de volver a ver a Flora Esteban, el amor de su vida. Veamos lo que pasó.

2.

Adentro, todo estaba cuadriculadamente organizado. 21 mesas redondas alineadas con exactitud, cada una con 7 sillas acomodadas de manera simétrica, y en el centro de la tabla, una sencilla figura en forma de triángulo que -de lejos- parecía ser de madera y que contenía el respectivo número tallado, que nuestro desventurado no podía descifrar.

Sin embargo, Ulises se acercó despacio para mirar más en detalle el ornato que pasaba inadvertido para la mayoría -no para él, experto en el gratificante arte de apreciar lo evidente- y se fue quedando perplejo mientras iba descubriendo las particulares fibras que se alcanzaban a observar al otro lado de la capa de barniz translúcido que algún carpintero de poca monta le había aplicado a las piezas. Entonces no tuvo más dudas: era escapín.

El escapín es un escaso árbol que produce madera de centro negro, pesada, compacta, de grano apretado y muy dura, 7 veces más dura que el roble toro, que encabeza la lista de las maderas más duras del planeta, y con una extraña característica: una vez cortada, comienza a endurecerse hasta convertirse en una pieza verdaderamente impenetrable. Por eso, quienes la tallan deben hacerlo antes de los 14 días de la tala porque después es imposible moldearla.

Los científicos han descubierto que la sobrenatural dureza se produce al contacto de los altos contenidos de carbono que se liberan con la atmósfera de las zonas boscosas donde crece, la casi impenetrable región del Escapín, en el lejano Sur.

Tomarse el trabajo de conseguir escapines para grabarles un número que ni siquiera entendía. Qué desazón para Ulises. En todo caso, era claro que la sola presencia de la magistral pieza haría que todos los citados asistiesen pues, al final, cada uno de ellos sería rifado entre los miembros de la respectiva mesa. Y cada una de esas artesanías alcanza niveles de colección.

Ulises decidió continuar recorriendo el gran salón sin saber dónde se sentaría y pendiente de encontrar primero a Flora que ella a él. No sabría qué hacer si pasase lo segundo. Así que se deslizó por entre las mesas pero caminando decidido, sin dar tiempo a alguien que -de pronto- lo quisiera saludar o que lo pudiera reconocer. No, nada de simpatías ni de abrazos ni de chistes flojos sobre cómo has cambiado o estás igualito o qué rico verte o la verdad a mí tú siempre me gustaste, ni nada de esas camaraderías tan propias de estas ocasiones que, a él, sinceramente le parecían de mal gusto, hechas únicamente para aumentar la velocidad de propagación de las enfermedades respiratorias y -de paso- los niveles de confianza que son -en últimas- los que permiten que las sociedades funcionen como debe ser. O de lo contrario, todos seríamos iguales. Un concepto que, en otras latitudes, se conoce como distanciamiento social, que algún día le tendrá que servir de algo a esta pobre y agobiada Humanidad. Eso pensaba él.

En fin, caminó decidido y cuando se dio cuenta, estaba en la mitad de la pista de baile, encerrada por la formación de las mesas, adornada con un par de bolas de discoteca en la mitad y 14 lámparas de luz estroboscópica, lo que todos conocemos como strober, no los veía desde la fiesta de graduación. Miró fijamente uno y antes de quedar encandelillado notó que traían bombillas led en remplazo de las tradicionales de tungsteno. Qué desesperante costumbre de analizar todo. Maníaco.

Al menos la luz estaba tenue, apenas para adivinar caras de viejos amigos rejuvenecidos por el reencuentro y -una vez identificados- voltearles la mirada. Qué placer más grande. Sintió ganas de fumar.

Se dirigió al fondo y se encontró de frente con el bar. Abierto, de libre acceso a toda suerte de licores nacionales y gaseosa en vaso desechable, pero no más, con un par de jóvenes y diestros cantineros que movían las copas y servían los tragos con asombrosa agilidad, un espectáculo adicional que los organizadores tenían preparado como sorpresa para los 147 exalumnos graduados 5 lustros atrás.

No lo podía creer, abrió los ojos tanto como pudo cuando vio -como en una especie de altar- la inconfundible forma de la más preciada botella de la era cristiana: una de Infinity.

Esa noche lo estaban promocionando en el evento, el whisky de malta más famoso del mundo entero, hecho con los mejores granos de centeno e importado directamente por la casa Stiller, sello de garantía para todos por su reconocida trayectoria en el mercado de licores en la región.

Deben saber que el Infinity se destilaba 7 veces, no dos como los tradicionales, y se envejecía en barriles de escapín y no de roble como mandan los cánones. Por eso, su maravilloso aroma y su singular cuerpo, que lo hacía digno de los mejores paladares y propio de los más adinerados, pues uno solo de estos recipientes costaba más que el montaje de la reunión de exalumnos.

Comenzó a recorrer la estantería con su mirada y se dio cuenta que no era una sino varias las botellas instaladas allí. ¿Qué hacían esas Infinity en una reunión de antiguos estudiantes? ¿Quién las habría donado? Valen millones y estaban a punto de ser repartidas como si fuera agua entre personas criadas etílicamente a punta de Caminante, el baratísimo y recargado jarabe favorito en los años de universidad.

Algo extraño empezaba a presentir y de inmediato activó sus cinco sentidos, seguro de que algún misterio estaba por comenzar a desentrañarse.

Iba a sacar su libreta para tomar notas cuando una suave y profunda ráfaga de perfume lo dejó petrificado.

Era Flora y estaba por allí.

Continuará…

N. del A. Por sugerencia de mi editor, la publicación de la historia de Ulises y Flora, que está toda escrita excepto el final, tendrá que esperar un par de meses. Oportunamente lo anunciaré. Por favor, tomen estas dos entregas como un adelanto. Aún falta más de una decena.

Leer primera parte: Bodas de plata

 

Tomado del portal 2palabras.co