Críticas a la respuesta de los chilenos al terremoto

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Por MICHAEL WARREN

CONCEPCION, Chile (AP) — La presidenta chilena defendió el martes a su gobierno ante acusaciones de incompetencia tras un desastre que propinó un severo golpe no sólo a las vidas a y a la propiedad privada, sino a la identidad nacional: una sociedad orgullosa de su riqueza y orden que de repente se enfrenta a pandillas de saqueadores, una economía lastimada y un golpeada noción del orden cívico.

El mismo gobierno que envió a Haití 15 toneladas de alimentos y medicinas, un equipo de búsqueda y salvamento y 20 doctores tras el terremoto del 12 de enero, debió importar ayuda humanitaria.

Con el terremoto en Chile resurgieron indicios de anarquía en un país que se regodeaba de su estado de derecho y la responsabilidad de sus ciudadanos.

En el pueblo costero de Lota, el alcalde Jorge Venegas rogaba el martes que los militares llegaran a imponer el orden. Una estación de gasolina estalló en llamas, ráfagas de disparos se escucharon durante la noche y los residentes custodiaban las calles contra pandillas de saqueadores, dijo Venegas a Radio Bío Bío.

«Es imprescindible que el ejército esté en nuestra ciudad», dijo Venegas. Agregó que una «psicosis» se había apoderado del pueblo.

«Es una histeria colectiva», dijo Francisco Santa Cruz, un rescatista de 20 años que atendía el martes a 56 familias en un campamento para los nuevos damnificados en San Pedro, al otro lado del río Bío Bío River desde Concepción, la mayor ciudad en el área afectada por el sismo del sábado.

Igual que Venegas en Lota, Santa Cruz dijo haber oído ráfagas de disparos durante la noche.

«Nos llamaban (a los chilenos) los jaguares de Suramérica», dijo. «Pero ahora nos dimos cuenta de que no estamos ni cerca de eso».

La presidenta Michelle Bachelet estaba a la defensiva ante la avalancha de críticas de que el gobierno fracasó en su respuesta al desastre.

La Tercera, un periódico influyente, dijo que los saqueos y la violencia mostraron la «lentitud y debilidad incomprensible» de las autoridades. El Mercurio, una publicación conservadora, pidió al presidente electo Sebastián Piñera a «restaurar la esperanza» cuando asuma el poder el 11 de marzo.

El gobierno impuso el lunes un toque de queda desde las 8 de la noche hasta el mediodía siguiente y envió 14.000 soldados a Concepción y sus alrededores para detener los saqueos, después de que casi todos los supermercados de la ciudad habían sido asaltados.

«Probablemente la gente siempre va a sentir que se podrían haber hecho las cosas mejor», insistió Bachelet antes de recibir a la secretaria estadounidense de Estado Hillary Clinton, quien prometió ayuda. «Pero la verdad es que dada la extensión (del sismo) siempre va a ser insuficiente».

Mientras Bachelet hablaba, el saldo de muertos ascendía el martes a 796 y las réplicas seguían sacudiendo el área. El terremoto de 8,8 y el maremoto que lo siguió arrasaron pueblos y ciudades a lo largo de los 700 kilómetros de costa chilena en el Pacífico.

Los chilenos lucían muy perturbados por lo que el desastre mostró de su sociedad, y no sólo del gobierno.

Catalina Sandoval, una estudiante de ingeniería civil de 22 años en Concepción, dijo que sentía «rabia, impotencia y desilusión» ante la anarquía.

Según Sandoval, «no sólo gente delincuente sino también gente acomodada está robando». En el apogeo de los saqueos, muchas personas bien vestidas salieron cargando electrodomésticos.

Algunos chilenos estaban acongojados ante la fragilidad de las nociones cívicas que se creían consolidadas hacía tiempo.

Desde que la sangrienta dictadura del general Augusto Pinochet terminó hace 20 años, los chilenos han preferido que los soldados permanezcan en sus cuarteles, pero la policía estaba completamente desbordada cuando comenzó el pillaje tras el sismo y los residentes aplaudieron el martes a un convoy militar en Concepción.

El poderoso aparato productor nacional también recibió un duro golpe.

La industria y la agricultura, la inflación casi nula y la democracia estable de Chile son la envidia de América Latina.

Las generosas ganancias cupríferas y las prudentes políticas fiscales ayudaron al gobierno a reducir la pobreza desde 45% en 1990 al 13% actual, elevando el ingreso anual per cápita a 14.000 dólares en la nación de 17 millones de habitantes, pero persiste una gran brecha económica.

Un estudio del Banco Mundial mostró hace varios años que el 10% más pobre de los chilenos se beneficiaban de 1,3% de los ingresos gubernamentales, mientras que el 10% más rico de los chilenos se beneficiaban del 40% de los ingresos.

El presidente electo Piñera, un multimillonario conservador, hizo campaña electoral con la promesa de aumentar la economía en 6% y transformar a Chile «en el mejor país del mundo».

Esas promesas, sin embargo, se verán afectadas por el terremoto. AIR Worldwide, una forma consultora con sede en Boston, estimó que las pérdidas económicas podrían sobrepasar los 15.000 millones de dólares. Unas 2 millones de personas resultaron afectadas.

La destrucción era extensa y la comida escasa a lo largo de la costa — en pueblos como Talca y Cauquenes, Curicó y San Javier. En Curanipe, la iglesia funcionaba como morgue. En Cauquenes, las familias sepultaban rápidamente sus muertos porque las funerarias no tenían electricidad. Casi el 80% de los habitantes de Talcahuano están damnificadas, y el puerto destruido.

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