Intensa labor en puerto dominicano, para ayudar a Haití

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Por ISTRA PACHECO

BARAHONA, República Dominicana — A bordo del buque T-62 de la Armada Venezolana, atracado en el puerto de Barahona, no hay descanso. Más de 50 soldados van de un lado a otro vestidos en pantalones cortos con sus camisas sudadas y, a primera vista, parecería que entrenan para una prueba física.

De no ser por las cajas que contienen aceite de cocinar, quizás sería difícil establecer que se trata de una parte de la ayuda que Venezuela ha enviado en buques de guerra, esta vez repletos de artículos de primera necesidad y alimentos para ayudar a las víctimas del terremoto de magnitud 7 ocurrido en Haití el 12 de enero.

Durante tres días los soldados han descargado además maquinaria pesada, sillas de ruedas y dos plantas de purificación de agua y la ayuda ya ha comenzado a llegar a Puerto Príncipe en camiones.

«Aquí no paramos. Porque un descanso mío es un haitiano más que podría morir de hambre. Y un litro de leche que se me caiga es un litro menos para ayudar», dijo a The Associated Press Máximo Tampoa, uno de los tenientes de la embarcación que supervisaba el trabajo de algunos de sus compañeros.

A sus espaldas, la bahía de Barahona, enclavada en un pequeño pueblo al suroeste de la República Dominicana. De fondo, saliendo de dentro del buque, se puede distinguir música de reggaetón.

«Desde el comandante, hasta cualquier soldado, todos estamos en esto bajando cajas (del barco), es un equipo total, aunque hemos dormido como cuatro horas diarias», relató el teniente. «Pega el agotamiento, pega duro, pero en ese momento nos reunimos un momento y nos animamos y nos damos fuerza unos a otros».

Después de todo, para eso se han preparado: «es que es como una guerra, no es bélica, pero es una guerra de ayuda», comparó.

En los pocos momentos en que se detienen, bromean entre ellos; algunos suspiran, otros usan sus camisas como toallas para secar el sudor y pocos minutos después vuelven a la carga.

En el interior del barco, el Capitán de Navío Héctor Rodríguez, de 46 años, tiene reuniones constantes con oficiales dominicanos y está al tanto de la coordinación de los esfuerzos.

En 72 horas ya casi han completado la misión de entregar 615 toneladas de alimento en total y 115 toneladas de otros materiales.

«Es un pueblo con necesidad extrema y lo importante es la solidaridad hacia ellos, no sólo llevarla en la parte espiritual, sino también materializarlo, no quedarse como espectador», dijo el jefe de la enorme embarcación color gris.

Rodríguez quien ha coordinado equipos de ayuda similar a éste, para misiones de ayuda en su mismo país y en otras regiones, dijo sentirse orgulloso de «llevar un poco de aliento a ese pueblo porque hoy es Haití pero mañana puede ser Venezuela».

Mientras, en el aeropuerto María Montez, operado por la empresa Aerodom, también hay actividad constante.

Desde el día siguiente al terremoto el 13 de enero hasta el sábado, han tenido más de 350 aterrizajes de helicópteros, aviones militares o privados y ambulancias aéreas, aunque a un lado de la pista tres inmensos paquetes en los que se pueden distinguir botellas de agua esperan para ser entregados.

Tan sólo de Estados Unidos llegan entre cinco y siete aviones cada día, cuando anteriormente no llegaba «ni uno», dijo a la AP un funcionario de las instalaciones, que pidió no identificarse porque no estaba autorizado a hacer declaraciones.

A ninguna de las aeronaves se le cobra por usar las instalaciones «por tratarse de ayuda humanitaria y porque lo importante es facilitar».

«Aquí corre sangre», dijo señalándose los brazos. «Y lo que ha pasado es tan grande que hay que cooperar».

(AP)

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