Masacre de Holmes reaviva el debate sobre la pena capital

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Aurora, Colorado – ¿Cómo juzgaría usted a James Holmes? ¿Merece la pena de muerte? ¿Cómo se defiende lo indefendible? ¿Cómo se prueba la locura del sujeto protagonista de la masacre de Aurora, si planeó todo con tanta anticipación, precisión e inteligencia, dejando doce muertos y decenas de heridos?

Terra habló con una de las personas heridas en el tiroteo que dejó 12 muertos en Aurora, Colorado, y que puso en el centro del debate a la pena de muerte.

James Holmes, ex estudiante de medicina, planificó con total alevosía la matanza de la que está hablando el mundo entero. Durante los meses anteriores al atentado, compró armas legalmente, y elaboró un macabro plan de atentar contra una sala repleta de fanáticos de Batman la noche del estreno, armado hasta los dientes. Como resultado del horror, 12 personas fallecieron, 78 resultaron heridas y todo un país resultó traumatizado, tanto que el debate sobre la pena de muerte resurgió con fuerza.

Holmes también había articulado una segunda parte a su plan que incluyó un rebuscado sistema de cableado y explosivos en su vivienda, que algunas especulaciones creen que pudo haberse tratado de una emboscada final a la policía, donde iba a hacer detonar todos los explosivos, auto inmolarse y llevarse con él, unas cuantas almas uniformadas de azul.

En el lejano oeste estadounidense donde está enclavado el Colorado tan tradicionalista y derechista, en un sondeo local reciente 80 por ciento de los encuestados dijo apoyar la pena de muerte.

La Fiscal del Distrito a cargo de este caso, Carol Chambers, dijo que su oficina está considerando luchar por la pena de muerte contra Holmes. También informó que la decisión se tomará una vez que sean consultadas las familias de las víctimas.

Bajo la ley de Colorado, la parte querellante o acusadora deberá informarle a la corte y a la defensa que el estado buscará la pena de muerte en un plazo de 60 días desde la comparecencia.

El acusado sería elegible para la pena de muerte si fuera hallado culpable de asesinato en primer grado con al menos un factor agravante que puede ser por ejemplo, la emboscada a una víctima o haber usado un artefacto explosivo. Holmes cumple con las dos. Y es justamente desde esta declaración oficial de Chambers y desde este nuevo capítulo legal que se reabrió el debate nacional sobre la pena capital.

La pena de muerte se restituyó en Colorado en 1984. La última persona en haber sido ejecutada en este estado fue Gary Lee Davis en 1997, a través de una inyección letal.

Colorado es tierra amigable de oportunidades fértiles. Sociable. Tranquilo. Apacible. Sin embargo, ésta situación llevó a muchos latinos a re-considerar opciones de castigo.

Porque según algunos hispanos, Holmes no merece la muerte, porque dársela, sería coronar lo que persiguió desde un principio, sería premiarle, ya que desde aquel plan de emboscada final a la policía, en su vivienda, donde iba a hacer detonar todos los explosivos, ya había contemplado, terminar con todo, incluyéndose.

Aún hay quienes ensayan una salida diplomática y austera diciendo que la decisión final debería ser tomada por la justicia y los familiares directos de las víctimas-queriendo simular neutralidad y un lavado de manos a lo Nerón- buscan el guiño de la pena de muerte.

La segunda idea, concederle la muerte, tiene sus adherentes ya que siendo Colorado un estado tan conservador, y pese a que se cree que ”Dios quita y Dios da”, tiene mayor o igual peso ‘ojo por ojo, diente por diente’.

Hay una tercera idea en cuestión rondando en la opinión pública que es la de un camino tortuoso, doloroso, y lento: hacer sufrir a Holmes con una vida escabrosa o una muerte gradual.

Lo cierto es que el miedo a la masacre pasada o a las que puedan surgir-según la creencia popular de Colorado en estos días de confusión generalizada- hizo que aumentara la psicosis colectiva, el caos nacional e incluso, que se avivara la polémica sobre la aceptación o no de la pena de muerte.

Si dentro del plan siniestro de Holmes existía la idea descabellada de conseguir sus 15 minutos de fama, en Estados Unidos, al menos sí lo consiguió. Si bien murieron 12 personas, unas 70 resultaron heridas y otras lograron escapar gracias a que el rifle que usó se le trabó, gran parte de la confianza y la capacidad de perdón popular murieron con aquellos 12 héroes en esa sala de cine.

Gran parte del alma general de esta nación sigue mostrando fisuras y heridas, y se daña y rasga las vestiduras con aquello de apoyar o defeneder la capacidad de compasión, solidaridad o muerte.

Y los que logran escaparse a las dos corrientes comunes de pensamiento actual estadounidense y filosofía casera; matar o no matar, todavía no pueden escaparse a mirar de reojo las noticias en los medios, sumarse a las charlas de oficina, o escuchar ya sea con aprobación o descrédito el feroz debate.

Aquellos que gustan de los argumentos lógicos apuestan a la posibilidad de que su abogado defensor se incline por esquivar la sentencia de muerte y hasta lo declaren mentalmente incompetente.

Competente o no, lo cierto es que Holmes va a pasar el resto de sus días encerrado en una cárcel o morirá en algún hospital estatal cuando le llegue su hora y no antes ni después.

Los que redoblan la apuesta y rivalizan desde la vereda de enfrente, exigen enardecidos la pena de muerte para el “asesino de niños”. Lapidario.

Pero las tradiciones, las costumbres, los pensamientos, las ideas, las posturas y las personas cambian. Todo cambia, incluso, las opiniones más arraigadas.

escrito por Virginia Garcia de terra.com.co

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